“La alegría es la emoción relacionada con la sensación de satisfacción en el aquí y ahora. Conectamos con ella cuando nos ocurren acontecimientos positivos, cuando logramos alguna meta que nos habíamos propuesto o tenemos una sensación placentera. Se produce en situaciones que nos confirman nuestro valor como persona.”.

Macarena Chías y José Zurita nos presentan así la emoción de la alegría.

Hace unos meses en un cuentacuentos, pregunté a los niños y niñas qué cosas les hacían sentirse alegres. Para mi sorpresa, se hizo un gran silencio y tan sólo un par de peques dijeron algo. Esto me hizo reflexionar y pensar que esta emoción, a pesar de todo el “boom” que rodea a la psicología positiva, no está muy mirada en torno al ámbito infantil. Quizá sea que cuando hablamos de niños y niñas, se nos viene directamente la imagen de criaturas riendo, como si esta emoción les fuera propia. Y claro está, que esto no es así, que la alegría también hay que transitarla y “educarla”.

En el día a día hay muchos momentos en los que la alegría está presente. Al igual que en la emoción del PODER está íntimamente relacionada con la autoestima: cuando trabajamos y conseguimos lo que queremos, la alegría nos inunda.

Su expresión es la risa, la risa auténtica y sana que nos abre al mundo, a los demás y nos anima a compartir.

¿Cómo podemos validar esta emoción?

  • Diciendo cosas del tipo: “cómo me gusta cuando te ríes, cuando te muestras tan contento”.
  • Con gestos o actitudes aprobadoras (abrazos, caricias…)
  • MIRANDO la vida emocional de nuestros peques y preguntando. Si un día los vemos muy alegres, podemos preguntar qué es lo que hace que se sienta así.
  • Mostrarles nuestra alegría: cantando, riendo con ellos y ellas, jugando.
  • Rescatando a nuestro Niño y a nuestra Niña interior.
  • Mostrándoles los momentos y acciones no adecuados: por ejemplo reírse de un amigo o amiga.

A veces, todo este torrente de alegría nos puede abrumar, es lícito y normal y también es muy importante no descalificar de forma sistemática las manifestaciones sanas de alegría.

Los niños y las niñas alegres, son ruidosos, se mueven, son espontáneos y exploran. La sonrisa inunda sus caras y sus ojos brillan. Acompañar desde el “permiso a mostrarse alegres” les ayudará a sentir y MANIFESTAR esta emoción.

 

 

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